La prescripción de lentes progresivas no debería ser una cuestión de mostrador ni de catálogo. Es en el gabinete donde se gesta la solución. Es ahí, durante el examen visual, donde como ópticos optometristas tenéis acceso a toda la información relevante para tomar una decisión: hábitos visuales, síntomas, expectativas, parámetros fisiológicos, dificultades previas… Todo lo que se necesita para diseñar una propuesta única que resuelva el problema visual del usuario.

Porque una lente progresiva no se elige. Se prescribe.

Salvando las diferencias, y para que se entienda, como un médico receta un medicamento. El cliente no tiene por qué entender la diferencia entre diseños, gamas o pasillos: lo que necesita es una recomendación clara, fundamentada y profesional. Y esa claridad solo se consigue cuando existe una conexión directa entre los datos y las necesidades del usuario y la solución.

En este sentido, la tecnología juega un papel clave. Existen ya instrumentos que permiten recoger en pocos segundos información técnica de gran valor para la adaptación progresiva. Uno de ellos es WaveFront AI, un módulo de exploración que realiza un screening de alta precisión en apenas 90 segundos y proporciona datos esenciales sobre la visión del usuario y su relación con el entorno visual. Estos datos, bien interpretados, permiten llegar a una lente personalizada, pero de verdad.

Un buen ejemplo de este enfoque es la línea VIMAX SE SYNAPTIC desarrollada por Grupo Prats, que trabaja con esos parámetros para diseñar lentes progresivas con un alto nivel de adaptación individual. No se trata solo de tener en cuenta la graduación, sino también cómo procesa el cerebro la información visual y cómo se comportan los ojos en diferentes contextos de uso. Cuando toda esa información se utiliza como base para construir la lente, la conexión entre lo que se detecta en gabinete y lo que se entrega como solución final es prácticamente directa.

Y ahí está la clave: coherencia entre los datos clínicos, la recomendación y la solución entregada. Esa coherencia solo puede darse si entendemos el gabinete como el verdadero epicentro profesional. Lo demás, son accesorios.

¿Por dónde empezar?

Para que esta conexión sea real y no se quede en teoría, aquí van algunas recomendaciones prácticas:

  • Revisa tu protocolo de gabinete: ¿Qué pruebas estás realizando? ¿Hay algo que sobra? ¿Qué deberías incorporar? ¿Estás actualizado a nivel tecnológico?
  • Revisa tu anamnesis: tanto la clínica como la comercial. Preguntar bien es el primer paso para recomendar bien.
  • Estudia tu producto: trabaja tu tarifa, tus proveedores y tus argumentarios. Conoce en profundidad lo que vendes.
  • Y sobre todo, no tengas miedo de recomendar lo que crees que es mejor para tu paciente. Siempre estamos a tiempo de echar el freno y buscar alternativas. Pero si tú no tienes claro qué es lo mejor, ¿cómo lo va a tener él?

Cada par de lentes progresivas que entregas es una promesa. Asegúrate de que nazca donde debe: en el gabinete, con criterio clínico y la confianza de saber que estás ofreciendo lo mejor.

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